martes, 23 de julio de 2013

¡cuidado con la música! XX

De la palabra y la música

“Una “música para leer” es un callejón sin salida; una canción que se entienda, que reflexione, que nos hable en el idioma de la especulación, no es música sino un tratado. La palabra adosada a la melodía es un señuelo que atrapa a los espíritus más débiles, a todos aquellos que necesitan de un diagrama del mundo para poder transitar por él”.
Gustavo Varela

Tal vez es hora de ir perfilando lo que sin decir se va produciendo aquí: el vínculo entre palabra y música. Toda vez que los analistas observamos esto tendemos a hacer de la palabra lenguaje, y de la música resonancia. O también, si nos sentimos en forma, nos arriesgamos a proponer en la palabra lo sonoro, y en la música su lenguaje. Y todas las veces no decimos lo mismo cuando hablamos de palabras y música. Porque hay música en la palabra, porque hay lenguaje en la música.
         Pero si vamos viendo lo que nos ha aportado Nietzsche, éste creyó en la música, en su sonoridad, intentó los versos, la poesía, en la palabra, para cortar un poco esa tendencia del hombre a la verdad, al sentido, y lo más allá (esclarecido). Se encontró con Wagner en este camino, y con Schopenhauer, como ya vimos. Porque, como afirma Varela:

“Esta relación íntima entre música y palabra tiene una raíz wagneriana. Que el lenguaje tenga un asiento musical que excede su precipitado hacia la verdad es la idea de Leitmotiv con la que el músico compone sus dramas”.

En su texto, donde su filosofía es música (Zaratustra), Nietzsche ya no usa la palabra “música”, sino “canción”, “baile”, etc. No son exactamente sinónimos, sino una forma de decir nueva. La música en la palabra es particularmente entendida como versos, como poesía, pero… También tenemos esa elaboración de Lacan cuando propone lalengua como un concepto que reúne goce, resonancia, cuerpo. Lo que en esta no está es el orden, la ley significante, y por lo tanto, el Otro significante, pero… ya volveremos.
Una música sin palabras ya la conocemos. Es más sencillo, es la que sale de los instrumentos. Claro, la voz humana también es un instrumento.
Por eso propongo este extremo, la mostración de Lenine, el músico,  que une al canto de los grillos, al ruido de la naturaleza, chirriante, intrusivo e insistente, la voz; cuando la misma se vuelve melódica, toma al canto de los grillos como música. Surge la palabra, pues sólo la música –la melodía de la voz– no podría generar ese contraste. Es la potencia de la voz que dice palabras en tanto musicales.
Solo al final, cuando ya nos quedó claro, empieza una ligera melodía de otro instrumento que la voz, el bajo. Cuando acompaña el bajo, como un sutil y ancestral y lejano (por lo mismo profundo) “om”, es sólo para no sustituirlo con otro sonido de la naturaleza que pueda decirlo, como un río, o un trueno, o una roca cortando el viento al caer en un pozo sin fin (¿quién podría escuchar tal sonido?).
Las palabras musicales serían aquellas que arrebatan al sentido un sonido, y en este prevalecen. Al final: un latido. Sonido de naturaleza.

“Nietzsche deriva esta fusión entre música y palabra del concepto de sentimiento schopenhaueriano, a saber, una forma de afectividad que, a pesar de manifestarse en la conciencia, no es un conocimiento abstracto de la razón”.

Varela.
Si querés escuchar la canción de Lenine ve a cuidadoconlamusica.tumblr.com

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